28 enero 2011

TERESA DE CALCUTA (2003). Fabrizio Costa.

Un lector amigo, nos ha pedido algún comentario sobre Teresa de Calcuta. Vi esta película hace algunos años y guardo buen recuerdo de ella, pero muy general. Así que la he vuelto a ver para refrescar la memoria, y la primera sorpresa ha sido agradable: me ha gustado más que la primera vez; y ésto sólo ocurre con el buen cine. Porque Teresa de Calcuta, a pesar del lastre que supone estar basada en una miniserie de televisión, con el consiguiente recorte de metraje -alrededor de una hora-, es una buena película. No es una obra maestra, a veces se nota su factura televisiva, pero pasa la prueba con notable alto. Y lo que es más importante, contribuye a conocer mejor a la Madre Teresa. A este respecto creo que es de justicia destacar el gran trabajo realizado por Olivia Hussey, actriz que asume la difícil tarea de encarnarla con credibilidad en la pantalla. 

La acción comienza en Calcuta en los años 40, cuando la Madre Teresa desempeña su labor en un colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto. Desde el primer momento observamos que tiene un temperamento y un modo de comportase distinto al de las demás hermanas. Tiene convicciones firmes, y guiada por su deseo de servir, hace el bien que está en su mano sin pensar en posibles "daños colaterales". Cuando en una ocasión es recriminada por la superiora, contesta con determinación y sin acritud, que volvería a hacer lo mismo. No ha hecho más que empezar la película y ya estamos deslumbrados por el talante humano de esta mujer: valiente, honesta, constante, generosa, sincera, sencilla..., llena de fe y de amor.

A raíz del deslumbramiento que supuso percatarse de una manera nueva, intensa, misteriosa, de esa cruel miseria que campaba a sus anchas por las calles de Calcuta ante la indiferencia de tanta gente, una inquietud se instaló en su alma: debía abandonar el convento y, sin dejar de ser monja, dedicarse a los más pobres de entre los pobres. Este sería el comienzo, luego vendría la necesidad de fundar una nueva Orden que permitiera encauzar su vocación y, siempre, la firme determinación de cumplir la voluntad de Dios. En el camino tendrá que sortear obstáculos, pero también contará con la inestimable ayuda de personas de bien, que la apoyarán en momentos decisivos. En ningún momento perderá la paz, pues está convencida de que lo que tenga que suceder sucederá y que ella no es más que un lápiz en manos de Dios, que es quien escribe la historia. Y como su Dios estaba empeñado en la fundación... en 1950 la Santa Sede autorizó la Congregación de las Misioneras de la Caridad.

A medida que va creciendo la labor, y se extiende por diferentes países, se necesitan más recursos, por lo que parece aconsejable dotarse de un mínimo de organización. Pero la Madre Teresa se resiste, se inclina por la sencillez y el abandono total en la Providencia. Aquí surge un tema interesante para la reflexión, el riesgo de que el éxito de una obra apostólica o asistencial, implique destinar cada vez más recursos al mantenimiento de su "organización", a costa de los fines fundacionales.

¡Qué verdad mas cierta!, aquella de que para cosechar hay que sembrar. En la película contemplamos varias escenas en las que la Madre sale de apuros gracias a la intervención de personas que, años atrás, habían sido ayudadas por ella. Bonitas muestras de gratitud y solidaridad y ejemplos conmovedores de la fecundidad del amor. Porque este fue el motor de su vida, un profundo amor a Cristo y, por Él, a todo ser humano; viendo a Jesús en cada persona, especialmente en las más necesitadas. Por eso decide extender su obra a los países desarrollados, porque en ellos también atisba muchas almas necesitadas. Necesitadas de bienes materiales, pero especialmente necesitadas de amor. Hay un momento en la película en el que dice que es más fácil socorrer el hambre -basta con un plato de comida- que la pobreza causada por la falta de amor, auténtica lacra de los países ricos.

La Madre Teresa de Calcuta fue un alma enamorada. Enamorada de Dios y enamorada del hombre. Dedicada por entero a servir a Dios en los demás, sin descanso y sin cálculo. Cuando alguien le aconsejaba descansar un poco, respondía: ya descansaré en el cielo. Tuvo su "noche oscura" pero perseveró firmemente aferrada a la oración y los sacramentos.


Quiero que quede claro que este comentario está basado en el retrato de la Madre Teresa que hace la película. Y como tal, es muy limitado. Además, ni siquiera he pretendido agotar las posibilidades que ofrece la propia cinta, pues es tal la riqueza de su personalidad mostrada en la pantalla, que invito al espectador a completar el retrato y reflexionar sobre su figura, al mismo que tiempo que disfruta de esta bella y emotiva película. Un film apto para todos los públicos y que hará mucho bien a cualquier espectador de buena voluntad, al que recordará que hay otra vida más allá de la que gira alrededor de uno mismo y de los bienes materiales. Una vida plena, fecunda y feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario