25 febrero 2011

VIVEN (1993). Frank Marshall. Drama. Jóvenes. ***.

Llevaba bastante tiempo dándole largas a esta película. La ví a principios de los noventa y no me apetecía hacerlo nuevamente. Como todos saben, recrea el accidente aéreo sufrido por un equipo de rugby de Uruguay en 1972. El avión en que viajaban se estrelló en los Andes y los supervivientes tuvieron que enfrentarse a duras pruebas, aislados en la alta montaña, con temperaturas gélidas, sin apenas abrigo y sin provisiones. 

No me apetecía porque la película es dura, durísima, y la trama de sobra conocida. No obstante, al fin me he decidí pues me parece que la historia merece la pena;  porque en medio del dolor y del sufrimiento, en los que en absoluto se recrea, es tremendamente positiva y esperanzadora. Porque es un homenaje a aquellos jóvenes, a su dignidad y a su heroísmo, porque en definitiva es un tributo a todo lo bueno y noble que hay en el ser humano. Capaz de vilezas, pero también de una entrega, solidaridad y generosidad a la altura de su hechura divina.


Viven, Alive en su versión original, tiene una fuerza pedagógica impresionante. Durante dos horas contemplamos a unas personas luchando denodadamente por sobrevivir. En todas hay luces y sombras, como es propio de la condición humana. Todas se necesitan, y es gracias al trabajo en equipo, a la solidaridad, a que cada uno pone lo mejor de sí mismo, como consiguen superar los obstáculos extremos que se van presentando. En Viven queda meridianamente clara la importancia de la ayuda mutua para salir adelante. El hombre es voluble, tiene altibajos, por eso es clave contar con el apoyo de los demás. Junto a la solidaridad también es fundamental la figura del líder, esa persona que es capaz de aunar voluntades y mantener viva la esperanza y el afán de lucha. Y qué decir de quien mantiene viva la llama de la fe cuando todo parece perdido, factor crucial para enfocar los problemas con serenidad y fortaleza.

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