04 marzo 2011

EL PUENTE SOBRE EL RIO KWAI (1957). David Lean. Bélico. Jóvenes.

Tras su rendición, un grupo de militares ingleses es internado en un campo de prisioneros japonés en Tailandia. El ejército nipón, empeñado en la construcción de una línea férrea a través de una selva tan grandiosa como inexpugnable, utiliza a los prisioneros como mano de obra en condiciones inhumanas.

Confieso que esta película me produce sentimientos encontrados siempre que la veo. Hay una completa galería de personajes bien dibujados y, algunos de ellos, realizan actuaciones heroicas, demostrando en ello no pocas virtudes. Sin embargo, cada vez me asalta la duda de hasta qué punto estamos ante conductas irreprochables, hasta qué punto hay rectitud de intención en muchos de los comportamientos que vemos en pantalla. Sinceramente, sólo veo dos personajes que mantengan una actitud digna a lo largo de toda la película, y los dos son secundarios: el doctor y el joven que se ofrece voluntario para la difícil misión de volar el puente. El médico siempre está preocupado por sus hombres, nunca pierde de vista que la dignidad de las personas está muy por encima de códigos militares y objetivos puramente materiales. De hecho, mantiene el equilibrio hasta el final, negándose a participar directamente en la inauguración del puente. El joven voluntario, experto nadador, demuestra valentía, fortaleza, audacia y un gran respeto por la vida.


Personajes

El coronel Nicholson, es un hombre de indudables cualidades. Cree en la importancia del trabajo –laboriosidad- para mantener el equilibrio personal, valora la disciplina, es coherente con su forma de pensar, paciente, constante y hace gala de una gran fortaleza. Sin embargo, como decía al principio, todo esto está enturbiado por un exagerado sentido del honor que, en el fondo, no es tan diferente del que mantiene el coronel japonés –Saito-. Éste también se guía por un estricto código de honor… y se verán las consecuencias. En principio, ni el patriotismo ni el sentido del honor son algo negativo, pero siempre que estén guiados por la recta razón. Muchas veces puede ocurrir que, en el fondo, estas actitudes sean meras manifestaciones de vanidad o soberbia.

El comandante americano – Shears- me resulta mucho más atractivo, pues aunque se presta al engaño y a la buena vida, tiene las ideas bastante claras y, en situaciones complicadas, demuestra audacia, valentía y responsabilidad. También es digno de admiración el sentido de lealtad y obediencia de la tropa británica. Y para terminar con los personajes, destacamos el espíritu de fortaleza del mayor Warden, jefe del comando que debe sabotear el puente.


Comentario

Como otras muchas películas bélicas de calidad, El puente sobre el río Kwai, es un estupendo alegato contra el sinsentido de la guerra. Sufrimiento, dolor y muerte son las consecuencias inevitables de cualquier conflicto. Por otra parte, el hecho de que dos oficiales británicos crean cumplir con su deber con acciones contrapuestas, uno quiere construir el puente y el otro destruirlo, demuestra la sinrazón de todo esto y la ligereza con que se juega con la vida humana, propia y ajena.

Propondría esta película para debatir sobre el tema de la rectitud de intención. No basta con iniciar una actividad por un fin recto, hay que estar atentos para que ese fin noble no se corrompa y acabe el ego ocupando su lugar. El coronel se empeña en construir el puente por el bien de sus hombres, pero acaba cegado por el éxito y la obra se convierte en su principal objetivo.

Constancia

La constancia es una virtud que viene en ayuda del tedio y del cansancio que, necesariamente, acaban por producirse en cualquier actividad. El aburrimiento, la pérdida de interés, el desaliento, la impaciencia, la incomprensión o el olvido de las razones de peso que llevaron a emprenderla, son tentaciones constantes en la vida cotidiana de cualquier persona. La constancia es, en consecuencia, el antídoto adecuado contra la pasividad, la terquedad o la inconstancia.

Un tema interesante es la diferencia entre constancia y paciencia, pues en el lenguaje coloquial tienden a utilizarse indistintamente. El Puente sobre el río Kwai puede servirnos para aclarar ambos conceptos. La paciencia pone el acento en el mantenimiento de la serenidad en situaciones molestas o dolorosas, con la esperanza de que llegará la solución. La constancia, sin embargo, hace referencia a la conducta observada una vez tomada una decisión. La persona constante lleva a cabo las actividades necesarias para alcanzar el fin propuesto, aunque surjan dificultades, o disminuya la motivación personal a lo largo del tiempo. Además, mientras que la paciencia se refiere siempre a situaciones desagradables, la constancia puede ser necesaria en situaciones que, de suyo, no tienen por qué ser dolorosas. La actitud del coronel Nicholson es un buen ejemplo. Toma la decisión de negarse a que los oficiales británicos trabajen como peones en la construcción del puente y, a pesar de las consecuencias, no se aparta un ápice de su postura inicial, manteniéndola hasta que consigue su objetivo. Esto sería constancia. Al mismo tiempo, a causa de la postura adoptada, sufre un castigo durísimo, debiendo soportar condiciones extremas, y lo hace con absoluta tranquilidad y serenidad, sin perder el equilibrio en ningún momento, sin quejas estériles y sin ceder al chantaje. Pues bien, esta actitud ante las dificultades sería paciencia, aunque no deberíamos olvidar que las virtudes nunca viajan solas.

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