09 septiembre 2011

COMO DIOS (2003). Tom Shadyac. Comedia. Jóvenes. ***. DVD.

La película trata, en todo predominantemente cómico, de las vicisitudes de un tipo egoísta y siempre descontento –“me lo he ganado por intentar ayudar a alguien”, “Dios es un niño mudo”, “no puedo estar bien con una vida mediocre”, “dame una señal”, “necesito un milagro, estoy desesperado”-, cuando Dios le brinda la oportunidad de disfrutar de sus poderes y de ejercer como tal, poniendo en sus manos la posibilidad de “remediar” las injusticias del mundo. Pero he aquí, que el atolondrado Bruce, así se llama nuestro hombre, carece de la virtud de la generosidad y le sobra egoísmo. No tiene el hábito de darse, sino el de centrarse en sí mismo. Consecuentemente, no sólo no remedia los males de la gente, sino que su actitud le lleva a empeorar la situación de muchas personas, llegando a provocar catástrofes naturales simplemente por satisfacer un capricho personal sin ponderar las consecuencias –“hace un par de semanas que tienes mis poderes, ¿a quién has ayudado?”, le dice Dios en un momento determinado-.

No todo es negativo en este hombre, pues su actitud un tanto payasa cae simpática al espectador, incluso deja traslucir una cierta bondad bajo su gruesa capa de egocentrismo. Así, le vemos socorrer a un indigente sin considerar las consecuencias de enfrentarse a unos pandilleros. Este buen fondo hace que después de su atolondrado comportamiento, a la vista de algunas de las consecuencias de sus actos y, sobre todo, al comprender la verdadera dimensión del amor, sea capaz de rectificar y de “rezar” de verdad. A partir de este momento, su vida da un vuelco y comprende que pensar en los demás y en sí mismo por encima de todo, son dos actitudes claramente incompatibles. Cuando es capaz de desear lo mejor para su novia, aunque ello pudiera acarrearle perderla, es cuando “milagrosamente” la recupera.

También cae simpática la chica. Su carácter es diametralmente opuesto al de Bruce. Ella no tiene miedo al compromiso, desea casarse y fundar una familia, se interesa por las cosas de su chico y, fundamentalmente, es piadosa. Es una mujer que reza y sus oraciones están impregnadas de generosidad. Le preocupa más el descamino de Bruce que el daño que éste pueda causarle. Su sufrimiento no es consecuencia del victimismo, sino de pensar que la persona a quien quiere pueda malograr su vida. No es rencorosa y sabe perdonar, aunque chirría un poco esa religiosidad moderna singularmente complaciente en temas sexuales.

Además de Bruce en su etapa previa al cambio de actitud, el tono general del personal de los medios de comunicación se aleja un tanto de la imagen del periodista honesto cuyo lema es la búsqueda de la verdad y su difusión. La moral del triunfo parece dominar a estos profesionales, cuyo éxito vital se reduce a lograr una exclusiva y ser primera plana.

Aunque el tono general es de comedia, la película saca a relucir algunos temas de permanente actualidad: el individualismo que parece dominar en gran parte de nuestra sociedad, la sordera ante las necesidades ajenas, el afán de notoriedad y de éxito cuya máxima manifestación es salir en televisión, el miedo al compromiso en las relaciones de pareja, el sentido de la vida y las condiciones de la auténtica oración. Como Dios puede ayudarnos a comprender que en la vida, casi siempre, nos falta la suficiente perspectiva para discernir dónde se encuentra el auténtico bien, y que lo que muchas veces queremos, no necesariamente es lo mejor para todos. De hecho, no es infrecuente que los intereses sean contrapuestos.

En suma, la película es una llamada a aceptarnos como somos y a comprender que lo más grande que tenemos es la vida y la posibilidad de entregarla. Para encontrarse a sí mismo, paradójicamente, el hombre debe salir de la fortaleza interior construida a base de miserias. CineCine.

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