28 octubre 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA (2011). Terrence Malick. Drama. Jóvenes. *****


Malick ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, un Dios enamorado perdidamente del hombre.


Hay películas que te cambian el día, otras el mes. Las hay que son, claramente, la película del año. Unas pocas se convierten en películas que te cambian la vida. Y un número muy reducido se te meten en el corazón y en la cabeza y las llevas puestas el tiempo que sigues respirando el aire de este planeta asombroso. El árbol de la vida es una de estas últimas, al nivel de Amanecer, Ordet, Las uvas de la ira, Matar un ruiseñor, Luces de la ciudad o Milagro en Milán. 

Y ustedes pensarán, vaya subidón que le ha dado al Sr. Fijo. Pues sí, esto es lo que hay. Sé que con esta película me pasará lo que me ocurre con Ford, pondré una secuencia en clase y me golpeará, arrollándome de nuevo, como un expreso que casi vuela sobre los raíles. 

Pocas veces el cine ha hablado de Dios, de paternidad, de maternidad, de filiación, de hermandad, de matrimonio, de libertad, de pecado, de gracia, de perdón, del misterio del dolor, con la capacidad de sugerencia de esta película, que evidentemente es mucho más que una reflexión abstracta y desapasionada y tiene mucho de experiencia personal. Pretender “explicar” lo que ocurre en ella, es como si quisiéramos acotar la Novena de Mahler en las lindes de un argumento o solucionar el misterio de La casa encendida de Rosales. 

La película usa los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) con un sentido, una intención (y una oportunidad) que te llenan de asombro. Malick maneja el cosmos para hacer entender que el hombre es el centro del universo porque Dios así lo ha querido, y por eso el eje del relato es la familia O’Brien, un matrimonio de evidente origen irlandés, gente de clase media de un suburbio de Tejas. Gente que ama y es amada. Gente que tiene que elegir entre el camino de la naturaleza y el camino de la gracia. Gente que sabe que si no ama su vida pasará como un relámpago. 

Fuente: Alberto Fijo (Fila Siete)

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